lunes, 23 de mayo de 2011

Para aquella princesita universitaria

A veces, y muy generalmente, la gente contradice su accionar con sus propias palabras. Cree que las decisiones que en juicio inoportuno emite son incuestionables, esas decisiones imperecederas que sin percatarse dañan a otro mucho más de lo que piensa, o bien, daña a quien las emite. Tan certeras y versátiles resuenan las palabras cuando se dicen con convicción y verosimilitud, sin embargo, cuando con el pasar del tiempo estas virtudes se tornan engañosas y lo que aparentaron un día ser, simplemente ya no son porque el propósito es diferente, nos engañamos y nos engañan. ¡Cuántas veces hemos escuchado consejos de seguir a la razón por sobre el corazón! o por el contrario ¡hacer caso al corazón y elidir la razón! Pero a pesar de esto, la irracionalidad del corazón nos pone frente a la espada y la pared y nuestros pensamientos que parecen tan sumisos y claros, se convierten en agonías, sufrimientos opacos que ennegrecen cada gesticulación que hacemos. Muchos se darán cuenta, tal vez, de esto, pero lo importante no es eso, si fuera la apariencia nada de esto sería sincero o serio, sin embargo, es aquel sentimiento que nos oprime a lo más hondo de la desilusión y decepción, en donde cada cual se percata que las apariencias no significan nada, si significaran el estado sería diferente. Todo, pero absolutamente todo se relativiza, todo recae en la inseguridad y en la relatividad. Todo se piensa, mucho por hacer, pero poco en lo concreto se hace; proyecciones, de esas muchas, pero perdidas nada. Alguien dijo alguna vez "Qué es la nada sin el todo o el todo sin la nada", pues es el mismo dilema tan claro como difuso.
¡Cuántos quisiéramos eludir estas faltas tan ensimismadas que nos desarticulan cada vez hasta quedar en polvo! "denigrante", saber qué y cómo, pero no saber otra tonta palabra para entender una emoción. Soslayarse en palabras de otros simulando ser sabio y erudito para intentar explicarnos algo que no podemos explicar o, por lo menos, acercarnos a eso que intentamos reformular a través de pésimas conjeturas, tan falsas como uno. ¡Cuántas veces quisiéramos pensar que aquello que fue nunca fue en realidad sino que aquello que era siempre debió haber sido, que nada debería haber cambiado! Aunque es imposible, consuela pensarlo.
Aquella princesita universitaria que algún día veía para alegrar mis días, con quien revoloteaba en los pasillos de la casa escuchando Manuel García, a quien dedicaba de vez en vez un par de acordes de aquella canción que nos recordaba, con quien me escapaba de mis quehaceres universitarios para emprender una pequeña salida a la playa, quien cuando fervientemente me pedía que fuéramos al cine no podía mirarla a los ojos y pronunciar un no como respuesta, a ella a quien pienso nunca enaltecí como debería haber sido. Hay tantas cosas que podría nombrar, pero no sería sensato ni prudente, más bien exacerbo todo esto, no tan solo porque lo siento, más bien porque lo agradezco y, en gran medida, lo extraño. Así que, como sé que esto no lo verás en mucho tiempo, preferí que quedara guardado desde ya en palabras escritas con tinta pusilánime que me presta el corazón o- mejor dicho- tu corazón, porque creo que en estos momentos no me pertenece. Para finalizar, simplemente gracias.

miércoles, 11 de mayo de 2011

La fauna de los espejos

«En aquellos tiempos, el mundo de los espejos y el mundo de los hombres no estaban aislados entre sí. Eran, además, muy diferentes: ni los seres, ni las formas, ni los colores coincidían. Los dos reinos, el de los espejos y el humano, vivían en paz. Se entraba y se salía de los espejos.

Una noche, la gente de los espejos invadió la tierra. Su fuerza era grande, pero después de sangrantes batallas, las artes mágicas del Emperador Amarillo prevalecieron. Rechazó a los invasores, los aprisionó en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todas las acciones de los hombres. Les privó de su fuerza y de su figura y los redujo a simples reflejos serviles. Un día, sin embargo, se liberarán de este letargo mágico... Las formas comenzarán a despertarse. Diferirán poco a poco de nosotros, nos imitarán cada vez menos. Romperán las barreras de cristal y de metal y esta vez no serán vencidas.»

Borges, La fauna de los espejos








sábado, 16 de abril de 2011

Canción de los amantes muertos

Ella era bella y era buena.

Perdonalá, Señor!

Él era dulce y era triste.

Perdonaló, Señor!

Se dormía en sus brazos blancos
como una abeja en una flor.

Perdonaló, Señor!

Amaba las dulces canciones,
ella era dulce canción!

Perdonalá, Señor!

Cuando hablaba era como si alguien
hubiera llorado en su voz.

Perdonaló, Señor!

Ella decía:-"Tengo miedo.
Oigo una voz en lo lejano".

Perdonalá, Señor!

Él decía:-"Tu pequeñita
mano en mis labios".

Perdonaló, Señor!

Miraban juntos las estrellas.
No hablaban de amor.

Cuando moría una mariposa
lloraban los dos.

Perdonalós, Señor!

Ella era bella y era buena.

Él era dulce y era triste.
Murieron del mismo dolor.

Perdónalos,
Perdónalos,

Perdonalós, Señor!



(Pablo Neruda)

lunes, 4 de abril de 2011

Oda al día feliz

Esta vez dejadme

ser feliz,

nada ha pasado a nadie,

no estoy en parte alguna,

sucede solamente

que soy feliz

por los cuatro costados

del corazón, andando,

durmiendo o escribiendo.

Qué voy a hacerle, soy

feliz,

soy más innumerable

que el pasto

en las praderas,

siento la piel como un árbol rugoso

y el agua abajo,

los pájaros arriba,

el mar como un anillo

en mi cintura,

hecha de pan y piedra la tierra

el aire canta como una guitarra.

Tú a mi lado en la arena

eres arena,

tú cantas y eres canto,

el mundo

es hoy mi alma,

canto y arena,

el mundo es hoy tu boca,

dejadme

en tu boca y en la arena

ser feliz,

ser feliz porque sí, porque respiro

y porque tú respiras,

ser feliz porque toco

tu rodilla

y es como si tocara

la piel azul del cielo

y su frescura.

Hoy dejadme

a mí solo

ser feliz,

con todos o sin todos,

ser feliz

con el pasto

y la arena,

ser feliz

con el aire y la tierra,

ser feliz,

contigo, con tu boca,

ser feliz.



(Pablo Neruda)


sábado, 29 de enero de 2011

Mi ideal político es el democrático. Cada uno debe ser respetado como persona y nadie debe ser divinizado.

Desde siempre la política ha sido uno de los temas prohibidos en la mesa, no nos cansamos de discutir unos con otros para saber quién es el que posee mayor grado de razón y cuando se ve al otro con argumentos sin fundamento nos autoproclamamos victoriosos y nos investimos de nuestro propio orgullo del saber. Izquierda y derecha, dos oposiciones binarias que ejemplifican el trato humano que diariamente nos brindamos, unos con otros torpemente nos ensalzamos de nuestras creencias para enlutar las del otro, nos deshumanizamos sutilmente y nos convertimos en las contradicciones de nuestras ideologías, pasamos de ser debatientes a simples argumentos y olvidamos ser personas. Nos revestimos de sabidurías y argumentos sólidos para enfrentarnos en una competencia sin fin y ¿Para qué? para aplacar lo que diariamente decimos de la caridad, solidaridad y fraternidad, todas esas virtudes que alabamos en nuestros discursos dejan de ser versátiles y verosímiles pues nuestras palabras se contraponen con nuestras acciones. Con esto, quiero llegar a esas personas que dejan de creer o que creen demasiado- tanto así que caen en su propia ceguera potenciando los falsos discursos- para llegar a ser un poco más razonables y para pensar antes de actuar. Pese a que sabemos lo correcto por las costumbres de nuestra cultura y los principios que nos han inculcado nuestros progenitores, no sabemos pensar, no nos han enseñado a pensar de manera correcta en circunstancias adversas, ante cualquier aviso de emergencia simplemente sacamos nuestras garras y atacamos lo primero que sentimos como amenaza, sin embargo, esa misma amenaza es víctima y persona, hecho que los políticos no logran comprender.
Cuando entré como mechón en la Católica de Valpo, jamás imaginé que vería tantas palabras escupidas al cielo caerse en los mismos rostros de los que propagaban los grandes ideales. Cada día sosteniendo sus fortalezas, sus críticas, los criterios de cómo enfrentarse a otros, las salidas a las calles, las protestas masivas y todo en un mismo eje: Fastidiar al partido sin importar si lo que se hace es bueno o malo. Pues es más sencillo criticar que agradecer, es más fácil ver defectos que virtudes y es por eso que sentimos al país deficiente.

¿Qué más pruebas queremos que las fallas de nuestro sistema que se ven todos los días?¿qué más pruebas queremos si no somos capaces de hacer nada? Como dijo alguna vez Nietzsche: "La fórmula de mi felicidad: un sí, un no, una línea recta, una finalidad. ¡Que nuestra felicidad comparta los mismos fines y no justifiquemos a través de los medios, simplemente preservemos el bien común y el bienestar de nuestros compatriotas!

domingo, 23 de enero de 2011

Automatización

“Yo estaba limpiando la pieza, al dar la vuelta, me acerqué al diván y no podía acordarme si lo había limpiado o no. Como esos movimientos son habituales e inconscientes no podía acordarme y tenía la impresión de que ya era imposible hacerlo. Por lo tanto, si he limpiado y me he olvidado, es decir, si he actuado inconscientemente, es exactamente como si no lo hubiera hecho. Si alguien consciente me hubiera visto, se podría restituir el gesto. Pero nadie lo ha visto o sí lo ha visto inconscientemente, si toda la vida compleja de tanta gente se desarrolla inconscientemente, es como si esta vida no hubiera existido". (Nota del diario de L. Tolstoi del 28 de febrero de 1897, Nikolskoe. Letopis, diciembre de 1915. p. 354).

martes, 7 de diciembre de 2010

“¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán!”

Oh Capitán, mi Capitán:
nuestro azaroso viaje ha terminado.
Al fin venció la nave y el premio fue ganado.
Ya el puerto se halla próximo,
ya se oye la campana
y ver se puede el pueblo que entre vítores,
con la mirada sigue la nao soberana.

Mas ¿no ves, corazón, oh corazón,
cómo los hilos rojos van rodando
sobre el puente en el cual mi Capitán
permanece extendido, helado y muerto?

Oh Capitán, mi Capitán:
levántate aguerrido y escucha cual te llaman
tropeles de campanas.
Por ti se izan banderas y los clarines claman.
Son para ti los ramos, las coronas, las cintas.

Por ti la multitud se arremolina,
por ti llora, por ti su alma llamea
y la mirada ansiosa, con verte, se recrea.

Oh Capitán, ¡mi Padre amado!
Voy mi brazo a poner sobre tu cuello.
Es sólo una ilusión que en este puente
te encuentres extendido, helado y muerto.

Mi padre no responde.
Sus labios no se mueven.
Está pálido, pálido. Casi sin pulso, inerte.
No puede ya animarle mi ansioso brazo fuerte.
Anclada está la nave: su ruta ha concluido.
Feliz entra en el puerto de vuelta de su viaje.
La nave ya ha vencido la furia del oleaje.
Oh playas, alegraos; sonad, claras campanas
en tanto que camino con paso triste, incierto,
por el puente do está mi Capitán
para siempre extendido, helado y muerto.

Walt Whitman