Los significantes significan más que el significado. Condenados a la prematura muerte, los significados se manifiestan, expresan su deseo de inmortalidad por el que fueron creados. Temen lo que les pueda pasar, temen no servir su propósito, que las palabras simples las conviertan en parte de la historia remota que nadie piensa, que se conviertan en una circunstancia dentro de la etimología. Ayer y hoy es lo mismo, entonces ¿cuál es la diferencia? Tantos significados para tan pocos significantes. Las esferas culturales nos corrompen sutilmente hasta el punto de convertir nuestros deseos en inconscientes dentro de un imaginario colectivo. El deseo placentero que propicia la palabra no existe, el deseo inconsciente dejó de ser porque desapareció el significado. Las siluetas de algún principio de placer quedan relegadas a las profundidades de la mente que las produce, confundiendo incluso su misma inconsciencia, confundiendo así al experto, confundiendo así a la misma sociedad que duda de la existencia del mismo ser.
"Esas ciudades hostiles y a las que no se pertenece, el solitario individualismo de los sujetos que fijan sus ojos en las pantallas o escuchan música aislados en sus walkman diseñan el paisaje después del desastre" (juegos de seducción).
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